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lunes, 23 de marzo de 2009

La Causa de la Crisis... me pregunto....

Hay tantas cosas curiosas. Miremos esta. Los países o las instituciones pueden deber mucho, y les siguen dando prestado, y se sabe que no cuentan con la capacidad de amortizar los montos prestados, pero no hay ningún problema mientras no digan que no pueden pagar.

No sé si lo he dicho bien. Es que las deudas pueden ser gigantescas, completamente desproporcionadas a las capacidades de pago, pero todo está muy normal y tranquilo, hay ambiente de fiestas y veladas apacibles, mientras los deudores -que no pueden pagar- no digan que no pueden pagar.

Ahora miremos esto... todos esos rascacielos en New York con oficinas carísimas, con miles de ejecutivos ganando millardos mensuales entre todos, en apartamentos de 20 o 50 millones de dólares pagados por las empresas, los miles de yates de varios millones de dólares comprados por las empreas para sus CEOs, los miles de jets privados para cuidar la comodidad de los ejecutivos financieros. Y todo este gasto mayormente parasitario de la economía, por definición, puesto que es esencialmente de mediación. Los genios financieros de la mediación llegaron a crear de la nada, por puros artilugios entre los extremos de la cadena de valor, valores comercializables con los cuales suscitaban transacciones sólo con el fin de propiciar instancias de ganar comisiones y bonos en los intercambios. Todo este juego podía seguir funcionando mientras nadie dijera nada. Pero tenía que llegar el momento en que el grado del abuso para crear bienes imaginarios intercambiables con el fin de ganar dinero real fuera tal que ya no fuera posible no decir nada.

Quién sabe si se hubiera abusado un poquito menos todavía seguiría este monstruo actualmente vivo, que, por supuesto jamás sería eterno.

Viendo las gigantescas, colosales y mostruosas derivaciones de dinero constante y sonante desde las cadenas de valor hacia esa inmensa masa de agentes de pura mediación en apuesta -mortal para el sistema- entre ellos por ingeniarse modos de propiciar intercambios de bienes imaginarios con el fin de ganar bonos, y distraer dinero de la dinámica de valor, era imposible que esta crisis no se diera. Y era imposible que no se viera venir.

Sólo se trataba de que nadie nunca dijera nada... parece.

Dice el filósofo Rafael Alvira, a quien he tenido el honor de conocer personalmente en el programa de maestría en el que ahora participo, que el sistema estaba hecho para mentir. Y yo hago mía sin mayor dificultad esa reflexión y agrego de mi propia cosecha que era necesario mentir para presentar como bien en ese sistema lo que estaba mal. De hecho, se aproximaba inexorablemente al barranco. Y allí están las pruebas de que la mentira se había vuelto orgánica en Wall Street, esperando que nadie dijera que no podía aguantar ese gigantesco tumor de mediación financiera que acabó reventando, como tenía que pasar un día, la cadena de valor. La mentira tiene patas cortas. Y las de esta mentira quizá fueron demasiado largas.

Supongo que las legislaciones futuras sobre esta materia buscarán algún modo de cuantificar las cadenas de valor e impondrán límites a los porcentajes que los mediadores podrán derivar de ellas hacia sus propios bolsillos. Porque está bien que el mediador gane dinero por el valioso servicio de conectar productores de tomates con compradores de tomates. Pero algo está muy mal si el habilísimo mediador financiero crea miles de artilugios de valorizaciones o "securitizaciones' de tal forma que en sus bolsillos termina una fortuna superior al valor mismo de los bienes cuyo intercambio él facilita. Semejante esquema no puede durar mucho tiempo.

Paul Krugman, el último ganador del premio Nóbel de economía, columnista del New York Times y crítico constante de la administración Bush, ha dicho en diversas entrevistas que la regulación no hubiera detenido esta crisis. Es que el sistema financiero de Wall Street (y mundial) ya estaba funcionando en gran medida sólo para sacar bonos de la nada para los mediadores. Ninguna economía puede aguantar de modo sistémico semejante desigualdad de recibir muchas veces más de lo que se da. Si se pierde de vista el criterio de valor, se cae en estas deformaciones sociales. ¿Se recuerdan hace unos años de aquellos 4 ó 5 ejecutivos de un banco inglés que gastaron 12 mil libras (como 24 mil dólares) en una cena para celebrar un negocio? Pues de todas esas polvaredas vienen estos lodazales. Es difícil pensar que no mienten todos esos grandes ejecutivos si dicen que la crisis era imprevisible. ¿Como iba a ser indetectable la proximidad de semejante Tsunami?!

2 comentarios:

  1. Mi tocayo, Alejandro Balarezo, profesor de la Universidad de Piura, de Perú, me ha mandado el siguiente comentario por e-mail:

    Agregaría que la necesidad de mentir se origina por las ansias de consumismo, cultura que se estableció como sistema similar al comunismo. El segundo ya cayó y casi nadie lo respalda. El primero está debilitado pero todavía da sus coletazos.

    En ambos sistemas las personas pierden el dominio de sí mismos a cambio de bienestar material, efímero por cierto, ya se ve.

    A la larga, los imperios son reemplazados y su caída tiene causas intrínsecas.

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  2. Les comento mi respuesta:

    Yo sólo agregaría un a pequeñita afinación, y es que creo que habría que distiinguir el consumismo como sistema de organización social, y el consummismo como pasión humana, o sea, el apetito personal insaciable de disfrutar bienes materiales, el cual podría subsistir entre sistemas.

    Pero tienes hartísima razón. La organización presente descansa en la promoción del consumismo para mantenerse, y en tal grado que ya era (es) prácticamente un sistema de organización basado en el consumo inmoderado o desenfrenado.

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A petición, otra vez, para divertirse un rato