Como muchos de los lectores de este blog saben, ahora me encuentro en Pamplona desarrollando un programa de maestría en "Cultura y Gobierno de las Organizaciones" en el Instituto de Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra.
Ya se pueden imaginar lo mucho que se aprende aquí tratando con profesores que son filósofos verdaderos o académicos ya reconocidos y muchos de ellos autores de múltiples libros, aparte de la interacción con los mismos compañeros.
Pues en una de las clases, el Filósofo Rafael Alvira nos hizo una exposición sobre la teoría del símbolo aplicándola a la gestión pública.
Nos decía que el dirigente público simboliza algo por lo cual la gente vota. La gente no vota por manuales o programas que nadie nunca lee, sino por lo que la persona simboliza. La gente, entonces, vota realmente por un símbolo, puesto que tampoco conoce del todo a la persona.
Ahora bien, el dirigente puede sólo representar el símbolo o puede encarnarlo. Su obligación ética es, por supuesto, encarnarlo.
A veces ocurre que los partidos políticos logran identificar el símbolo por el cual la gente votaría y buscan a alguien que lo pueda representar y hacer creer a la gente que lo encarna.
Alrededor de este punto yo escribí un comentario bajo la columna de elPeriódico de Guatemala de la periodista guatemalteca Dina Fernández -graduada de la Universidad de Columbia y posgraduada de la Universidad de Harvard- en el que ella critica el proceso de selección de los miembros de la Corte Suprema de Justicia. Si quieren leerlo, está en elPeriódico.
El blog de Dina lo pueden encontrar aquí también en la columna derecha de esta página. Ella publica una columna los días lunes y miércoles en este periódico. Dina Fernández proviene de una familia con larquísima tradición periodística.
lunes, 23 de marzo de 2009
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