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domingo, 29 de marzo de 2009

Yo Puedo Predecir el Futuro

Quiero compartirles una anécdota personal de esas que uno jamás puede olvidar.

Cierta vez yo leí lo que significaría cada carta (española) para predecir el futuro: las espadas, dolor; los oros, dinero; los reyes o sotas, amigos o enemigos importantes, y así.

Pues durante una reunión social entre amigos, yo dije que yo podía leer la suerte con las cartas. Lo dije sonriéndome y sin tener que aclarar que era broma, porque todos nos conocíamos. Una señora, hermana de uno de mis amigos, se ofreció de voluntaria.

Yo barajé las cartas, puse el mazo sobre la mesa y le pedí que lo cortara. Después de poner el grupo inferior de cartas sobre el superior, de modo muy ceremonioso, siguiendo la broma, saqué la carta de arriba y la puse sobre la mesa mostrando la figura. Comforme a lo que había leído le dije lo que esa carta decía sobre su futuro, tratando, de verdad, de ser muy imaginativo para volver más divertida la broma. Después de 4 cartas, yo le noté una expresión muy seria a la señora, y pensé que la había ofendido o que de pronto se había recordado de algo importante, como que había dejado abierta la válvula de la estufa de gas o algo así. Me dijo, con enorme sorpresa: "¡¿Dónde has aprendido esto?!... todo lo que me has dicho es cierto...!!!" A decir verdad, le había dicho que iba a viajar y cosas como esta, que quién sabe si llegarían a ser ciertas. Pero también le había hablado de penas que padecía, amigos confiables y enemigos de cuidado, y cosas como esta. Todo esto era para mí completamente general y totalmente indefinido, pero ella lo adaptó todo a su existencia concreta.

Ya se imaginarán mi susto. Le aclaré que era una broma y que con esto había demostrado que esas cosas no son ciertas. Pero ella insistía en que yo tenía el don de predecir el futuro, puesto que le había dicho cosas que era imposible que yo supiera de antemano. Pero es el caso que yo no le había dicho nada concreto. Ella puso las coordenadas espacio-temporales finales, y me las atribuía a mí.

Ella sí tenía razón en que yo podía predecir el futuro, digo, que tenía la habilidad para hacer creer a la gente que puedo predecir el futuro -miren ustedes los rollos que me manejo en este blog, y me dirán si no le podría decir el futuro a algunos cuantos- como la tienen miles y miles de personas que no escriben blogs.

¡Hay gente que le da crédito a esta persona de la TV, Walter Mercado!. Y ahora que estoy estudiando en España, estaba viendo el otro día en un programa local de TV que les han subido exponencialmente los ingresos a las lectoras del Tarot. El conductor del programa entrevistó a muchas de estas señoras. Y yo puse un intenso interés en ver cómo las colegas adivinas justificaban su oficio. Eran honestas porque no hacían alusión a sus poderes, sino que a la ayuda que le daban a la gente que se las pedía. Y de verdad que ganaban muy bien, como 60 dólares por consulta, y ahora eran varias por día.

Ahora bien ¿Cómo pueden estas artes técnicamente charlatanas gozar de tanta demanda generación tras generación y hasta en el mismo centro de la civilización occidental? No quiero ser irrespetuoso, pero hay un dicho esclarecedor: "entre gitanos no nos leemos las manos". Cuando miremos a un tirador de cartas consultándole a otro sobre su futuro, allí, sí, habría que poner un poco de cuidado.

La respuesta a todo este asunto no es trivial, y creo que puede dar un mensaje altamente esperanzador. Seguiremos con este tema.

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