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lunes, 30 de marzo de 2009

La Palabra de Dios hecha Carne en María

En vista de que hay interés por la práctica de la fe, un primer tema puede ser Jesús mismo, que es la Palabra que el Padre dijo -y sigue diciendo- en la historia para descubrir todos los secretos de la creación.

Cuando Dios hablaba por los profetas, decía palabras, pero cuando ya pronunció su palabra verdadera misma y reveló en su plenitud todo lo que había hecho, la palabra que salió de sus labios fue perfecta y viva, y esa palabra tomó carne de las purísimas entrañas de la Virgen María, y nació en Belén. La mejor definición de Jesús es la que dan las Escrituras: es una Palabra hecha carne. Jesús nos dice que habla "lo que ha oído del Padre", lo que equivale a decir, dada su perfección, que él mismo es esa palabra del Padre, una palabra que es Dios y que, por lo tanto, lo es desde el principio. Juan 1,1 "Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios."

En el versículo 14 Juan relata el anuncio del ángel a María y el misterio de la vida de Jesús de la siguiente forma: "Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad".

Jesús es una palabra. La palabra perfecta de Dios hecha carne en las purísimas entrañas de aquella a quien nombra llena de gracia. La Biblia es el 'testimonio escrito' de la revelación, y dado que su naturaleza es inspirada es realmente palabra de Dios, y así se dice después de sus lecturas. Pero Jesús y la Biblia no son una identidad, por lo tanto, si después de leer la Biblia dijéramos, "esta es 'la' palabra de Dios", quizá cometeríamos un acto blasfemo e idolátrico, porque estaríamos igualando papel y tinta a Jesús.

Es imposible que sólo los breves libros del Nuevo Testamento -que es la parte más importante de la biblia porque el Antiguo Testamento es una preparación para el nuevo- excluyentemente recoja todo lo que Dios reveló y dejó en la historia. Las Palabra de Dios hecha carne hace como 2 mil años dejó infinitamente más que sólo esos pequeños libros. Negar su huella real de carácter sacratísimo, su presencia real en cosas materiales de naturaleza sagrada e inviolable, es negar su grandeza de sólo hombre, no digamos ya como la palabra de Dios hecha hombre. Es imposible que el Redentor del género humano haya sido en la historia sólo el autor indirecto de unos libritos, y nada más.

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