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domingo, 12 de abril de 2009

La Verdadera Riqueza de los Hogares

Hace muchos años fui director de un curso de vacaciones de idiomas para jóvenes. Entre los alumnos estaba el hijo de un padre multimillonario. Como parte de las actividades del curso, que incluía paseos, este muchacho nos invitó a su casa, que era realmente una mansión. Los más de 30 estudiantes mas los instructores pudimos entrar todos a su cuarto para conocerlo, y no estábamos apretujados, como en "el metro" en horas pico. Su cuarto de baño era todo de mármol. El guardarropa era otro recinto que daba la impresión de una sección de ropa para caballeros de J C Penney's. En el sótano de la mansión, que sería de un área total como de dos canchas de básquetbol, estaban todos los juegos que yo conocía, muchos que sólo había visto por la televisión y otros que no había visto nunca. El jardín era enorme, con juegos al aire libre, contiguo a un área techada espaciosa y comodísima con neveras repletas de manjares. Por supuesto que no faltaba la cancha de tenis. Hasta el día de hoy todavía sigo pensando si se me ocurre algo que esa casa no tuviera.

Este muchacho era de verdad tranquilo en su modo de ser y no daba una apariencia de superioridad o de autosuficiencia. Tendería más a sencillo que a engreído, pero era excesivamente callado y apartado. Como parte de mi trabajo yo debía entrevistarme con los muchachos para explorar su estado de ánimo y su progreso, y para salir al paso a problemas de disciplina. Con este muchacho nunca hubo problemas. Sin embargo, durante mi entrevista con él -y para no hacer larga la historia- me dijo lo siguiente: "yo odio a mis padres". No viene al caso que les cuente mis comentarios y consejos, sino que sólo el profundo impacto en mi mente de esas palabras. Y ese odio no podía provenir de que le negaran algo, porque él tenía todo lo que deseaba: vehículos, utensilios, viajes y dinero sin límite.

Démosle 'rewind' al DVD de mi vida. Después de que murió mi padre, mi madre se mudó con sus 4 hijos (yo era el segundo, con 4 años de edad) a la aldea donde vivían mis abuelos a una casita que mi abuelo le había construido. Allí no había energía eléctrica y el lugar era inaccesible por vehículo. La tía Tula, que era tía nuestra de verdad, tenía una tienda como a unos 600 metros de nuestra casa a la que se iba por una veredita entre cerros y árboles. Pues una vez que llegamos con mi hermano mayor, la tía Tula nos dio a comer tortilla de maíz (es el sustituto del pan en Guatemala y El Salvador) con frijoles negros molidos y, sobre los frijoles, esparció azúcar! Para nosotros fue una experiencia maravillosa de cocina exótica, lo que notó de inmediato nuestra tía. Muchas veces regresamos con mi hermano a esa tiendecita de ladrillo de barro con el corazón ardiendo de emoción a la espera del manjar que la tía Tula siempre nos daba. He llegado a pensar que ella tendría guardadas unas tortillas y frijol negro molido sólo en caso de que nosotros llegáramos. Me viene fácil el recuerdo del gusto con que ella nos ofrecía las tortillas y nos miraba engullirlas. Aunque disfruté muchísimo una semana entera que pasé muchos años después en Florencia, Italia, no sé cuál recuerdo pesa más en mi subjetividad, si las tintas de Durero o el amor de tía Tula que llenaba de magia su tiendecita.

Enciende mi corazón también la imagen de agradecimiento de nuestra madre cuando le llevábamos el regalo del día de la madre para el que habíamos estado ahorrando todo el año un centavo de los dos que nos daban cada día para ir a la escuela que quedaba como a 2 kilómetros sobre camino de tierra. Yo una vez, después de pensar mucho, le regalé una ollita de aluminio. Fue una de mis primeras grandes sorpresas por las habilidades intuitivas que me descubrí. ¡Era exactamente lo que mi madre necesitaba y yo no sabía cómo había hecho para adivinarlo.! Y lo increíble es que siempre acertábamos en regalarle exactamente lo que ella necesitaba y la hacía tan feliz. Recuerdo también el esmero con que nos vestía para protegernos del frío si teníamos que salir, y es que no había suficiente dinero para comprar chaquetitas adecuadas. Usábamos sandalias porque los zapatos eran muy caros. Y los primeros cuadernos nos los hizo nuestra madre con cuadros recortados de papel de envolver los que unía con la máquina de coser, como si fueran tela, y quedaban muy bien. ¡Lo deberían probar!. Yo me quedaba maravillado de los recursos de nuestra madre para proveernos enmedio de tanta escasez material. Pienso en esa aldeíta, en nuestra casita donde se cocinaba con leña y en esos tiempos de tanta escasez, y se me llena el corazón de luz y de música. Pocas veces creo haber tenido tanto y haber sido tan feliz como en esos tiempos.

Pues en un momento dado até ambos recuerdos, la mansión de este muchacho y nuestras condiciones en esa aldea. Y la respuesta apareció como un bombazo: el amor es el principal material de construcción de los hogares. El amor convierte en un trozo de paraíso celestial la cueva más pobre del mundo, porque donde hay amor allí está todo. El amor es el más grande genio de la historia de la humanidad ya que no hay problema que no pueda resolver.

Así que no esperemos un aumento de sueldo o que salga este y aquel otro negocio para poder de verdad ser feliz en una casa más grande y con otra casa en el mar. No hay que entristecerse porque aquel otro tiene una casa en la que puede ser feliz y yo no he podido hacerme de una casa similar para mi familia. No hay que preocuparse por la escasez de bienes materiales. Desde este mismo momento podemos convertir nuestra casa en un verdadero trozo de cielo insuperable por ninguna mansión, si la inundamos con lo que está fuera del alcance de la mayor fortuna pensable en el mundo: el amor. Y hablo con mi vida desde esos caminos llenos de barro, calzando sandalias y con cuadernos con papel de empaque pegados con máquina de coser. Estos son mis recuerdos más preciosos. Quizá porque fue cuando nuestra madre, por la presión de la necesidad, se vio más forzada a poner de su amor para aliviarnos la carga. Quizá ella misma no sabe que fue cuando más multimillonarios nos hizo. Ahora lo va saber. Ya aquejada por los años y las enfermedades, pero con plena lucidez mental y una memoria impresionante, gracias a Dios sigue entre nosotros. Ya no nos hace cuadernos con sus tijeras y su máquina de coser y tampoco le creemos cuando nos reconoce nuestras capacidades de adivinación de dar exactamente con lo que ella necesita. Pero ya no hace falta.

2 comentarios:

  1. Bellísima reflexión. Gracias por compartir sus millonarias vivencias.

    ana maria jurado

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  2. "El amor convierte en un trozo de paraíso celestial la cueva más pobre del mundo, porque donde hay amor allí está todo".

    Alejandro, ésta es una frase llena de verdad. Tiene un mensaje muy poderoso y su simpleza es verdaderamente bella.

    Gracias Dunia por mandarme este blog.

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A petición, otra vez, para divertirse un rato