Pocas oportunidades tan magníficas de acercamiento y de convivencia son comparables a la de limparle la caquita a los niños. Son momentos de intimidad preciosos e irrepetibles en donde el amor resulta tan fácil de dar -vista la dependencia del pequeñito- y a la vez de tanto valor para el niño que, de no ser por esta ayuda, pasaría grandes trabajos y vergüenzas. Hay que hacerlo con gusto y con mucha alegría, demostrando al niño el placer que uno siente de contribuir para que él mejore la calidad de su vida. Con este gesto de usar con gusto las propias manos para limparlo a él de algo tan desagradable, el niño sabrá cuánto vale él y, estas serán sus primeras enseñanzas prácticas de amor.
Muy ciertamente no captará este gesto de amor conscientemente, porque su capacidad analítica de juicio todavía no estará suficientemente desarrollada, pero quedará grabado en lo más profundo de su ser que él vale, porque su madre o su padre lo aman con hechos y de verdad, hasta el grado de que tocar excrementos con alegría, sólo por saber que lo están limpiando a él. El niño sabe que el "popó" es desagradable y, a veces, hasta usa la palabra como expresión de molestia, por lo tanto ciertamente percibe el valor del gesto de limpiarlo.
Mientras lo necesiten, no hay que dejar pasar estas magnifícas oportunidades de acercamiento con nuestros niños. Si se ve así, de verdad que se disfruta muchísimo limpiarles el culito, puesto que son momentos de mucha comunión entre los corazones que jamás se repetirán. Cuando ellos sean viejitos y lo vuelvan a necesitar, nosotros ya no estaremos. Ellos se sorprenden muy gratamente cuando notan que uno los limpia con alegría y con sentido de humor.
No entro a comentar lo que pasa en su corazoncito cuando uno demuestra molestia, porque no hace falta. Más de alguna lágrima puede caer.
Cuando un niño dependiente, un enfermo o un anciano requieran de nuesro apoyo material, hagámoslo con alegría para decirle con nuestro gesto: "¡Tú vales, tú mereces ser amado, es un privilegio para mí esta ocasión de servirte, porque te lo mereces!".
Tal vez los viejitos que les dejan sus herencias a "oportunistas" que les llegan a dar amor en sus últimos años hacen muy bien. Y tal vez estas personas no sean oportunistas, sino amadores profesionales, que dan su amor cuando más lo necesita un ser humano y se ganan muy bien la herencia que les dejan. A veces los hospicios son como los botes de la basura humana vieja en donde los parientes van a tirar a sus ancianos. ¡Cuántas oportunidades se están perdiendo!.
En cuanto más necesitado sea otro ser humano, más bellas son las oportunidades de servir y de amar. Si no duele, no vale, y no es fuente de gozo verdadero. "Amar, amar hasta que duela", decía la Madre Teresa. Que sólo en ese dolor -y no en el dolor de las dietas y los gimnasios- está la felicidad verdadera, de esa que es profunda, indestructible e inacabable.
Así que a aprovechar todas las oportunidades de limpiarle con gusto y con alegría la caquita a nuestros hijos o nietos.
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