En uno de mis viajes de trabajo a EE UU visité a una familia de amigos que viven allá y que tienen a su niño 10 años en una escuela pública. Por cierto, las escuelas públicas en EE UU suelen ser mejores que las privadas.
En una de las entrevistas que los padres sostuvieron con el profesor encargado de su hijo en la escuela, ellos le comentaron que su hijo no quería leer, y que les costaba mucho que hiciera sus tareas de lectura de libros.
El profesor los vio largamente, y les preguntó "¿Y ustedes leen?... ¿Los ve su hijo frecuentemente con libros en la mano y leyendo?". El profesor les dijo en son de broma que deberían sentarse con un libro a "hacer el teatro" delante de su hijito, para que él los viera leer y le nacieran los deseos.
Ellos comprendieron el mensaje muy claramente, lo que pude deducir por la forma en que me relataron la anécdota, pero en lugar de sólo hacer el teatro, decidieron conseguir libros interesantes y sentarse a leer de verdad y de modo visible ante su hijito.
Resulta que al corto tiempo el niñito empezó a leer sin que se lo exigieran tanto, y ahora todos son lectores en la familia, porque los padres tambien re-descubrieron el gusto por la lectura.
Como este ejemplo de la lectura hay tantos otros notorios y no tan notorios.
No le podemos decir a nuestros hijos, por ejemplo, que no deben mentir si nos han oído decir, "dile que no estoy" cuando nos buscan o nos llaman por teléfono. Y hay tantísimos ejemplos.
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